Grabados en Agón: la huella del gesto, la permanencia de la emoción
A través del grabado, el gesto se transforma en huella
Grabados
El grabado forma parte de mi lenguaje artístico como una vía distinta de exploración. A diferencia de la pintura directa sobre seda o papel japonés, aquí el gesto no es inmediato, sino que se construye en capas, en procesos. Y precisamente por eso, cada huella cobra un peso distinto: no es solo una marca, es una decisión detenida en el tiempo.
Me interesa el grabado como técnica de pensamiento. La matriz, el soporte, la presión, la tinta... todo ocurre antes de que exista la imagen final. Es un acto lento, silencioso y deliberado. Pero no por ello pierde espontaneidad: al contrario, requiere la misma intuición que otras técnicas, aunque canalizada de otra forma.
Trabajo el grabado desde la libertad, sin sujeción a una estética tradicional o figurativa. A veces parto de formas reconocibles, otras veces todo nace del trazo puro, de una energía interior que se transforma en ritmo sobre el papel. El equilibrio entre lo consciente y lo imprevisto es parte del proceso.
Al igual que en mi obra sobre seda o papel japonés, el color sigue teniendo presencia, aunque de forma más controlada o simbólica. En el grabado, el vacío, la línea y la textura se convierten en protagonistas. Y en ese lenguaje contenido encuentro nuevas formas de expresar lo que no se puede decir con palabras.
El grabado me permite detenerme, pensar, y a la vez dejar que algo se revele. Es otra forma de escuchar lo que la materia tiene que decirme.



