Pintura acrílica en Agón
Color en estado puro
Acrílicos
El acrílico me ofrece una libertad distinta. Es un material que me permite trabajar con inmediatez, con fuerza y con capas que se suceden sin esperar. A diferencia de la seda o el papel japonés, donde cada gesto requiere contención, el acrílico me permite avanzar con intensidad, con ritmo, con decisión. Por eso, en mi proceso creativo, ocupa un espacio diferente pero complementario.
Trabajo el acrílico como un territorio donde el color se manifiesta con total autonomía. Es un medio que no impone límites, sino que abre posibilidades. La rapidez en el secado y la versatilidad del material me permiten superponer, borrar, reaparecer. Cada obra se construye y se reconstruye hasta encontrar su equilibrio.
En mis piezas acrílicas, el color sigue siendo el eje central: cálido, profundo, vibrante. A veces estalla; otras, se disuelve en transparencias o texturas más densas. No busco representar algo concreto, sino traducir sensaciones, intuiciones, movimientos interiores. El lenguaje abstracto que desarrollo aquí es más gestual, más físico, pero siempre nace de un lugar íntimo.
El acrílico es, para mí, una forma de liberar energía. Me conecta con lo inmediato, con lo expresivo, con lo vital. En algunas obras dejo que la mancha domine; en otras, la composición se vuelve más serena. Pero siempre está presente el deseo de explorar el color como emoción y como estructura.
Desde mi estudio en Agón, este medio me acompaña en momentos en los que necesito abrir el gesto, ampliar la escala, dejar que el cuerpo pinte tanto como la mente. En ese diálogo continuo entre técnica y emoción, el acrílico es una voz que habla claro y fuerte.







